La autogestión es historia antigua en un barrio de Añasco cuyos moradores siguen desarrollando iniciativas para suplir sus necesidades

Iris González, presidenta del Comité Comunal Corcovada, junto a Luis Nieves, operador del acueducto . (semisquare-x3)
Iris González, presidenta del Comité Comunal Corcovada, junto a Luis Nieves, operador del acueducto. (Jorge A. Ramírez Portela / Especial GFR Media)

Corcovada es el barrio más lejano que tiene Añasco y hace más de medio siglo los residentes tuvieron que construir su propio acueducto para tener agua potable, a razón de 300 horas mínimas de trabajo por familia.

Ese legado de gestión comunitaria y esfuerzo propio es el que todavía guía los trabajos del Comité Comunal de Corcovada que dirige Iris González Ramos y que administra el acueducto, un centro de convenciones y una escuela rescatada en la que se ofrecen servicios.

“La comunidad comenzó a dar los primeros pasos en el 1960. Llegaron la División de Educación a la Comunidad y unos misioneros y empezaron a ayudar a la comunidad. En el 62 pusieron la luz, pero no teníamos carreteras, ni agua. Se hizo el proyecto del acueducto, que fue a mano. Había que llegar al pozo y llevar la tubería al tanque y a la comunidad. Había como 45 familias y se pusieron 300 horas de trabajo por familia, pero hubo gente que trabajó más de 1,000 horas”, explica Iris, quien tenía como cinco años en ese tiempo y puntualiza que “somos de Corcovada arriba, estamos en una loma bien alta”.

Desde entonces, la comunidad ha estado organizada para pagar una cuota con la que pagan la luz y otros gastos relacionados al mantenimiento del acueducto, que comenzó con un pozo hincado y luego se extendió a dos. La cuota comenzó en un mínimo de $10 por familia hasta llegar a los $20 que pagan actualmente por un consumo básico de hasta 25 metros cúbicos. Si consumen más de esa cantidad pagan más. El acueducto tiene capacidad para 160 casas.

“Hay unas personas de la comunidad que leen los contadores, una semana antes de cobrar. Si del contador hacia mi casa se daña algo, tengo que pagar esa agua que se pierda. Si es de mi casa hacia afuera hay que decirlo rápido para que el Comité lo arregle”, detalla Iris, para agregar que cumplen con todos los reglamentos y leyes requeridas y que hacen análisis de calidad de agua mensualmente.

No fue sino hasta 2006 que la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados se asomó en Corcovada con intención de conectar a los residentes a su sistema. Pero los vecinos se reunieron en asamblea y rechazaron ese plan. Al año siguiente, el Departamento de Salud les impuso la compra de una batería de $10,000, cantidad que pudieron pagar porque en esa misma fecha ganaron $5,000 por el Premio Solidaridad que les otorgó la Miranda Foundation. El resto del dinero se los dio el municipio.

La experiencia previa como dueña de negocio le ha facilitado a Iris la administración de todo lo relacionado al acueducto y su capacitación en liderazgo y su compromiso con la comunidad han sido la semilla para germinar nuevos proyectos con miras a hacer el barrio cada vez más sustentable.

Entre los proyectos que tienen en Corcovada también está la escuela abandonada que lograron que les fuera cedida por el municipio y que convirtieron en un centro de usos múltiples para ofrecer clases de inglés y computadora, tener un gimnasio y ofrecer una clínica de salud anual, entre otras actividades. Asimismo, lograron que les cedieran una antigua instalación donde se procesaba café y establecieron un centro de convenciones que alquilan para actividades.

Independencia energética

El proyecto más reciente del Comité Comunal es el uso de energía solar para operar el acueducto. Adquirieron las placas solares en 2014, pero no fue hasta 2017 y a dos meses de que pasar el huracán María que el gobierno les dio los permisos. Luego de ese evento y a través de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) consiguieron respaldo y subvenciones para instalar baterías con la empresa Máximo Solar, Fundación Comunitaria de Puerto Rico, Fundación Somos Solar y el manufacturero de baterías solares MK Battery. Eso les permite operar el acueducto aunque falle el sistema de la AEE.

Ahora “queremos poner una red de placas solares para todas las casas. Es para ser autosustentable. Eso sale como en $3.5 millones.El municipio dice que nos puede ayudar porque hemos probado que podemos administrar. Son proyectos que se tienen ahí y hay que intentarlo. La cotización está hecha”, revela Iris, quien a través de su trabajo en el Comité Comunal ha aprendido a hacer propuestas y gestionar alianzas.

“Desde que estoy en esto, he visto tantas personas que vienen a ayudarnos. Pero tú tienes que dar los primeros pasos. Al llegar al Centro para Puerto Rico pude conocer tantas personas y comunidades que están organizadas y que tienen los mismos revoluces que nosotros. A veces uno piensa que está solo y que uno tiene tantas situaciones que no vale la pena trabajar por las comunidades, pero cuando ves a otros te das cuenta lo mucho que hemos hecho”, afirma la líder comunitaria de 61 años.

Ahora, entre sus planes está compartir lo aprendido con otras comunidades. Por eso, hace un mes celebraron una convención en la que reunieron cerca de 20 comités que administran otros acueductos en la región.

“Nos estamos uniendo porque puede que tú tengas cosas que yo no tengo. Estamos abriendo una puerta para ayudarnos entre nosotros”, señala Iris

“Ha sido una bendición que yo pueda trabajar por Corvocada. He podido visitar a las personas, sentarme a hablar con ellas y conocerlas. Para mí es una satisfacción poder presidir el Comité”, declara la mujer, quien estima que cerca del 70% de los residentes de su comunidad son personas de edad avanzada.

Fuente:  elnuevodia.com